Compartir
Martes, Enero 20, 2026

Las comunidades de Chimanimani han soportado repetidos desastres inducidos por el clima, en particular el ciclón Idai en 2019. Si bien las agencias humanitarias brindaron ayuda temporal, sus intervenciones rara vez abordaron los impactos emocionales, económicos y ecológicos más profundos. Las y los habitantes describen un patrón ya conocido: personas externas llegan, recopilan datos, ofrecen apoyo a corto plazo y se van, sin regresar para compartir resultados ni comprometerse de manera significativa.

Compartir
5
4
1

Este proyecto se propuso romper ese ciclo a través de la Investigación Liderada por la Comunidad, utilizando herramientas del enfoque de Investigación Acción Participativa (IAP). Quince integrantes de la comunidad de Ndima, Dzingire y la aldea de Chimanimani lideraron cada etapa del proceso, definiendo las preguntas de investigación, recopilando testimonios y analizando los significados de las pérdidas y los daños desde su propia experiencia de vida.

El proyecto involucró a residentes de tres aldeas: Dzingire, Ndima y la aldea de Chimanimani.

Dzingire y Ndima, hogar de los pueblos indígenas Ndau y Manyika, fueron los epicentros de la destrucción durante el ciclón Idai. Sus características geográficas —laderas montañosas, cauces de ríos y valles escarpados— las hicieron altamente vulnerables a inundaciones repentinas y deslizamientos de tierra. Estas aldeas también padecen una infraestructura deficiente, acceso limitado a servicios gubernamentales y un abandono prolongado.

La aldea de Chimanimani, aunque afectada, contaba con mejor infraestructura y se benefició de sistemas de alerta temprana debido a su cercanía a oficinas gubernamentales. La diferencia en el impacto entre estos tres sitios pone de relieve —y expone— las desigualdades que determinan la vulnerabilidad ante los desastres en Zimbabue.

El clima en Chimanimani es particular, con lluvias abundantes y suelos fértiles que favorecen el cultivo de frutas y la agricultura a pequeña escala. La mayoría de las familias cultiva piñas, plátanos, mangos y papayas, mientras que otras gestionan pequeños comercios o huertos de mercado. Sin embargo, las lluvias intensas dañan con frecuencia las carreteras y interrumpen las comunicaciones, aislando a las familias durante las emergencias.

Desde 2019, el miedo forma parte de la vida cotidiana. Las comunidades señalan no solo las amenazas climáticas, sino también decisiones municipales —incluida la venta de tierras, violaciones ambientales y la marginación de las autoridades tradicionales— que intensifican los riesgos y erosionan la autoridad cultural.

Objetivos de la investigación

El proyecto tuvo como objetivos:

  • Documentar la magnitud y las formas de las pérdidas tras el ciclón Idai, desde los medios de vida y los sistemas alimentarios hasta el trauma psicológico.
  • Aplicar el marco global de pérdidas y daños a la experiencia de Chimanimani para producir evidencia arraigada en la comunidad.
  • Analizar las intervenciones posteriores al desastre e identificar brechas en las respuestas del gobierno y de las ONG.
  • Desarrollar un marco de recuperación impulsado por la comunidad y basado en el conocimiento local.

Metodología y proceso

Utilizando el enfoque de IAP, el equipo llevó a cabo:

  • una reunión inicial con 30 integrantes de la comunidad y autoridades tradicionales,
  • grupos focales en las tres aldeas,
  • y una encuesta diseñada por la propia comunidad.

Estos espacios permitieron a las y los residentes documentar sus experiencias y expresar preocupaciones sobre la gobernanza de la tierra, la destrucción ambiental y el trauma no resuelto del Idai.

Principales hallazgos

  1. Cientos de personas desaparecidas siguen sin ser reconocidas
    Las familias no pueden acceder a documentos ni a beneficios porque las personas desaparecidas no han sido declaradas fallecidas, a pesar de que Idai fue una emergencia nacional. Esto ha dejado a muchas personas sin cierre ni apoyo financiero.
  2. Miedo al desplazamiento forzado
    El gobierno ha amenazado con reubicar a las comunidades en Biriviri, un plan ampliamente percibido como desplazamiento. Al mismo tiempo, el municipio está adquiriendo y vendiendo tierras a empresas privadas sin el consentimiento de las autoridades tradicionales, incluso en zonas oficialmente designadas como de alto riesgo, y convirtiéndolas en uso comercial, lo que profundiza aún más la desconfianza.
  3. Debilitamiento del liderazgo tradicional
    Las autoridades locales eluden de forma sistemática a las autoridades tradicionales en la toma de decisiones sobre tierras y medio ambiente, debilitando la gobernanza comunitaria y contribuyendo a los conflictos.
  4. Expansión de la minería artesanal
    La minería no regulada en ríos y sitios sagrados está causando graves daños ambientales. A pesar de las reiteradas denuncias de la comunidad, las autoridades han tomado medidas mínimas para detenerla.

Aprendizajes

El proceso de Investigación Liderada por la Comunidad fortaleció la apropiación comunitaria y aseguró que la investigación reflejara las prioridades locales. Las y los residentes se organizaron eficazmente entre aldeas dispersas, demostrando que los enfoques liderados por la comunidad generan una participación más profunda y hallazgos más relevantes que los estudios impulsados externamente.

Conclusión

La experiencia de Chimanimani muestra cómo las pérdidas y los daños inducidos por el clima se ven agravados por una gobernanza débil, conflictos por la tierra y la degradación ambiental. La Investigación Liderada por la Comunidad ha permitido a las comunidades documentar estas realidades en sus propios términos, señalar brechas urgentes —incluido el reconocimiento de las personas desaparecidas— y delinear su visión para la recuperación.