Resumen
En la década de 1990, el gobierno ecuatoriano permitió que una empresa petrolera argentina, la Compañía General de Combustibles (CGC), explorara las tierras del pueblo Sarayaku sin realizar una consulta previa, libre e informada a dicho pueblo. Las actividades de la empresa impactaron en sitios de especial valor cultural, en parte debido a que el análisis de impacto ambiental fue llevado a cabo por una organización privada contratada por la propia empresa petrolera. En 2010, la compañía abandonó 1.400 kilos de explosivos en un área de 16.000 hectáreas, poniendo en grave peligro la vida y la integridad física de los miembros del pueblo Sarayaku. No se garantizó el acceso a la justicia para abordar las presuntas amenazas y agresiones sufridas por el pueblo Sarayaku.
La Corte Interamericana de Derechos Humanos decidió que Ecuador debía limpiar las tierras Sarayaku de los explosivos. Asimismo, estableció que debía realizarse una consulta previa, adecuada, efectiva y plena al pueblo Sarayaku en caso de cualquier proyecto de extracción de recursos, incluso respecto de los análisis de impacto ambiental. El Estado debía implementar programas de capacitación sobre los derechos de los pueblos indígenas para funcionarios públicos que trabajen con pueblos indígenas. La Corte también decidió que el Estado debía organizar un acto público en tierras Sarayaku, reconociendo su responsabilidad por las violaciones cometidas. Finalmente, la Corte resolvió que el Estado debía pagar indemnizaciones por daños materiales e inmateriales.