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Viernes, Junio 26, 2026

Un tratado de la ONU para poner fin a la impunidad corporativa podría finalizarse en los próximos dos años. En esta edición exploramos por qué estas negociaciones son importantes y qué está en juego para las comunidades que buscan justicia y rendición de cuentas.

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A protester in El Salvador demonstrates against metallic mining after President Nayib Bukele overturned...
Una persona se manifiesta en El Salvador contra la minería metálica después de que el presidente Nayib Bukele revocara la histórica prohibición de la minería metálica en el país. Foto: Víctor Peña/El Faro.

En abril pasado, en Barcelona, el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, reunió a líderes progresistas, entre ellos el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, y la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, para debatir cómo defender la democracia y el multilateralismo frente al avance del autoritarismo y las crecientes tensiones geopolíticas.

En un reciente artículo de opinión, la defensora ambiental salvadoreña Zenayda Serrano, de MUFRAS-32, y Mona Sabella, coordinadora de Rendición de Cuentas Corporativa de la Red-DESC, sostienen que una de las mayores amenazas a la capacidad de los gobiernos para actuar en favor del interés público suele quedar fuera del debate: el poder corporativo.

Menos de 60.000 personas —el 0,001 % más rico de la población mundial— controlan hoy tres veces más riqueza que la mitad de la humanidad combinada. Esto no es solo una cuestión de desigualdad; es una cuestión de poder político: la capacidad de moldear leyes, influir en elecciones y bloquear reformas que amenazan los intereses corporativos.”

Más de una década después de que países del Sur Global impulsaran las negociaciones para un tratado vinculante de la ONU sobre empresas y derechos humanos, el proceso está entrando en una fase decisiva y lo que está en juego no podría ser más importante.

Según el último informe del Business & Human Rights Resource Centre, solo en 2025 se documentaron cerca de 800 ataques vinculados a actividades empresariales contra personas defensoras de derechos humanos en 80 países. Muchos de estos ataques estuvieron relacionados con la minería, la agroindustria, los combustibles fósiles y grandes proyectos de infraestructura. Los pueblos indígenas representaron el 30 % de los ataques registrados, pese a constituir apenas el 6 % de la población mundial.

“La pregunta es si los gobiernos siguen teniendo la capacidad de imponer límites efectivos a formas de poder económico que pueden vulnerar derechos humanos y ambientales, debilitar regulaciones y ejercer más influencia que muchos Estados.”