En todo el mundo, los movimientos sociales enfrentan ataques constantes, desde defensoras de tierras en América Latina y Gaza hasta habitantes de barrios periféricos en Sudáfrica. Estos actos de represión no son incidentes aislados, sino parte de un sistema más amplio que sostiene el poder económico y político a través de la violencia, ya sea mediante represión estatal, desalojos forzosos, militarización o explotación corporativa.
La Economía Política de la Violencia (EPV) ofrece un marco crítico para entender cómo se construyen y mantienen los sistemas económicos globales contemporáneos. Como lo ha descrito Red-DESC, la EPV constituye un entramado estructural en el que intereses corporativos, élites políticas, instituciones financieras, fuerzas de seguridad del Estado y actores criminales convergen para imponer proyectos extractivos a costa de los derechos colectivos, el territorio y, en última instancia, el derecho a la vida.
La violencia en este marco no es un subproducto del desarrollo económico, sino un mecanismo fundamental que permite la expropiación de tierras, disciplina a la fuerza laboral y desmantela la resistencia para sostener sistemas de acumulación orientados al lucro. En su núcleo, la EPV nos ayuda a examinar quién se beneficia de la violencia (como corporaciones, instituciones financieras y élites gobernantes), cómo se despliega la violencia para asegurar el poder económico y político (a través de despojos de tierras, represión laboral y criminalización de la resistencia) y cómo la violencia se cruza con sistemas de opresión persistentes, incluyendo el colonialismo, el racismo, el patriarcado y el imperialismo.

