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Lunes, Marzo 16, 2026

Los miembros y aliados de ESCR-Net acaban de presentar un documento de aportes al Programa de trabajo sobre transición justa (JTWP), adoptado en los Emiratos Árabes Unidos, en el que advierten que cualquier mecanismo de transición justa que se cree debe estar basado en los derechos humanos y ser liderado por las comunidades más afectadas por la injusticia climática.

Este aporte llega en un momento decisivo. Mientras los gobiernos negocian cómo avanzar en la salida de los combustibles fósiles, crece la presión para evitar que estas transiciones reproduzcan las mismas desigualdades, despojos y formas de explotación que han provocado la crisis climática.

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Activistas por la transición justa se reúnen durante los primeros días de la COP30 en Belém, Brasil, en noviembre de 2025. Foto: IISD/ENB | Mike Muzurakis

En el contexto de las negociaciones climáticas internacionales, el Programa de trabajo sobre transición justa (JTWP) se estableció para discutir y orientar sobre cómo los países pueden avanzar hacia transiciones energéticas socialmente justas. Su objetivo es definir principios, enfoques y herramientas que aseguren que el abandono de los combustibles fósiles no profundice las desigualdades existentes. En este proceso, se discute la posible creación de un mecanismo de transición justa (JTM), un instrumento que podría canalizar financiamiento, apoyo técnico y gobernanza para su implementación.

Pero lo que está en juego no es solo el diseño de un mecanismo técnico. También está en disputa el significado mismo de lo que se entiende por transición justa y quién tiene el poder de definirla.


Enfrentar las causas estructurales de la crisis climática

Una transición justa no puede reducirse a cambiar fuentes de energía. Implica cuestionar las raíces de la crisis: un modelo económico basado en combustibles fósiles, extracción sin límites y desigualdades estructurales que siguen vulnerando derechos humanos, especialmente en el Sur Global.

La crisis climática no es un accidente. Es el resultado de un sistema que concentra riqueza y poder mientras despoja a comunidades de sus territorios, su trabajo y sus medios de vida.

Por eso, una transición verdaderamente justa debe redistribuir el poder, asegurar que quienes más han contribuido a la crisis asuman la mayor responsabilidad y colocar la toma de decisiones en manos de las comunidades que han resistido y construido alternativas.

Esto implica reconocer como protagonistas a trabajadores, pequeños productores, pueblos indígenas, mujeres, juventudes y otros grupos históricamente excluidos.


Derechos humanos en el centro de la acción climática

Este documento de aportes plantea que cualquier mecanismo de transición justa debe estar anclado en el derecho internacional de los derechos humanos y en principios clave como:

  • Responsabilidades comunes pero diferenciadas y el principio de quien contamina paga
  • Equidad intergeneracional e integridad ecológica
  • No regresividad y realización progresiva de los derechos

También exige una eliminación rápida y equitativa de los combustibles fósiles, priorizando soluciones lideradas por las comunidades y garantizando el derecho al desarrollo de los países del Sur Global.


Las desigualdades que condicionan la transición

La acción climática no ocurre en el vacío. En muchos países se desarrolla en medio de múltiples crisis: pobreza, inseguridad alimentaria, endeudamiento, militarización y profundas desigualdades históricas reforzadas por el sistema económico global.

Para ser efectivo, un mecanismo de transición justa debe responder a estas realidades:

  • Impulsar transformaciones en sectores clave como energía, agricultura, transporte y minería
  • Garantizar derechos laborales y protección social
  • Reconocer y redistribuir el trabajo de cuidados no remunerado o mal remunerado, sostenido principalmente por mujeres
  • Asegurar el acceso equitativo a la tierra, los territorios y los recursos naturales, incluyendo la agroecología y políticas redistributivas

También debe enfrentar reglas comerciales injustas y evitar que la transición energética sirva como excusa para expandir el extractivismo, especialmente en la explotación de minerales críticos.


Participación real, no simbólica

Una transición justa solo es posible si es democrática. Esto significa garantizar que las comunidades en primera línea tengan poder real de decisión, y no solo espacios de consulta simbólica.

Esto implica:

  • Participación efectiva en los espacios de gobernanza
  • Respeto a la autodeterminación y al consentimiento libre, previo e informado
  • Financiamiento suficiente y sin condiciones para garantizar la participación
  • Salvaguardas claras frente a la captura corporativa

También es clave asegurar mecanismos de rendición de cuentas. Las comunidades deben poder denunciar abusos y acceder a reparaciones efectivas.


Financiar la justicia, no la desigualdad

El aporte exige financiamiento público suficiente, predecible y no condicionado, como parte de las obligaciones del Norte Global frente a la deuda climática y los daños históricos.

Entre las prioridades están:

  • Compromisos de financiamiento público a largo plazo
  • Eliminar subsidios a los combustibles fósiles y al gasto militar
  • Invertir en reconversión laboral, servicios públicos y medios de vida
  • Apoyar soluciones impulsadas por las comunidades, como la agroecología

Este financiamiento debe ser nuevo, adicional y accesible directamente para las comunidades. También debe enfrentar obstáculos estructurales como la deuda insostenible y las restricciones de propiedad intelectual que limitan el acceso a tecnologías.


Líneas rojas: lo que no puede permitirse

El mecanismo de transición justa no puede:

  • Disfrazar el extractivismo bajo falsas soluciones como mercados de carbono o megaproyectos energéticos
  • Retrasar o debilitar la salida de los combustibles fósiles
  • Imponer condiciones que limiten las decisiones de los países del Sur Global
  • Legitimar la militarización o la represión de comunidades
  • Permitir desplazamientos, borramiento cultural o impunidad corporativa
  • Reforzar la deuda y el control corporativo sobre la gobernanza climática

Hacia una transición con poder colectivo

Este aporte recupera el sentido político de la transición justa. No se trata de un ajuste técnico, sino de un proceso que debe desmontar sistemas de explotación y construir alternativas democráticas, basadas en derechos y lideradas por las comunidades.

Si el mecanismo de transición justa no responde a esto, corre el riesgo de profundizar las mismas injusticias que dice combatir. Pero si se basa en derechos humanos, equidad y poder colectivo, puede convertirse en una herramienta real para enfrentar la crisis climática e impulsar transformaciones profundas.

Authors

This submission was collectively developed by the Asia Pacific Forum on Women, Law and Development (APWLD), FIAN International, Franciscans International, IBON International, the International Network for Economic, Social and Cultural Rights (ESCR-Net), and Rivers & Rights.