Compartir
Viernes, Abril 28, 2017
Compartir

Naturaleza del caso

En este litigio de interés público, una activista de los derechos a la salud cuestionó la práctica del gobierno estatal de someter a mujeres (y, algunas veces, a hombres) a procedimientos de esterilización en campos de esterilización peligrosos e insalubres en los que con frecuencia no se obtiene el consentimiento informado de los pacientes antes de que se efectúen los procedimientos. La Corte Suprema concluyó que estas prácticas (dirigidas principalmente a mujeres pobres y de zonas rurales) violaban el derecho a la salud y, más específicamente, los derechos reproductivos, dos elementos clave del derecho a la vida bajo la Constitución de la India.

Aplicación de la decisión y resultados

Este caso es un intento de la Corte Suprema de monitorear y forzar la implementación de su decisión anterior del caso Ramakant Rai. De esta manera se respeta la doctrina del continuing mandamus, según la cual los tribunales de la India no se contentan solo con emitir órdenes, sino que se preocupan en igual medida por la implementación de las órdenes judiciales.

Relevancia del caso

Esta decisión fue ampliamente celebrada por activistas de los derechos de las mujeres de la India. Poonam Muttreja, directora ejecutiva de Population Foundation of India, comentó, "Recibimos con agrado la sentencia de la Corte Suprema, que consideramos histórica. La prestación de servicios de calidad para las mujeres y el respeto por su dignidad ahora pasa a tener un lugar firme en la agenda nacional". La decisión debe ubicarse en el marco de cuatro millones de ligaciones de tubos (esterilizaciones femeninas) que se estima son efectuadas al año en la India, más que cualquier otro país. Los defensores han hecho campaña durante mucho tiempo por una mejor regulación o eliminación de los campos de esterilización, así como por más inversiones en otras formas de anticoncepción.

Vale destacar la decisión por la atención que prestó tanto a los incidentes específicos como al contexto más general (como los objetivos informales de esterilización definidos por los gobiernos estatales) que daba lugar a condiciones que alientan las esterilizaciones no consensuadas. El caso confirmó la necesidad del consentimiento informado previo a los procedimientos de esterilización; en ausencia de tal consentimiento, las esterilizaciones se consideran involuntarias o forzosas, y constituyen graves violaciones de los derechos humanos, como lo confirma la Recomendación General Nro. 24 del CEDAW sobre las mujeres y la salud. Los grupos vulnerables, por ejemplo, las mujeres, las personas que viven en la pobreza, las minorías étnicas e indígenas, las personas con discapacidades o con VIH, las personas transgénero e intersexuales, han sido históricamente el blanco de tales prácticas, tanto en la India como en el resto del mundo. Este caso destaca la calidad de la atención médica (incluyendo antes y después de la operación) como un componente esencial del derecho a la salud, según se establece en la Observación General Nro. 14 del CESCR sobre el derecho a la salud.

La declaración interinstitucional de las Naciones Unidas “Eliminar la esterilización forzosa, coercitiva o de otra manera involuntaria” aporta una orientación internacional muy útil sobre un enfoque de la esterilización basado en los derechos humanos. Aunque reconoce que la esterilización sigue siendo una opción importante para las personas y parejas que deseen controlar su fertilidad, la declaración reafirma que las prácticas de esterilización deben estar disponibles y ser accesibles, aceptables, de buena calidad y libres de discriminación, coerción y violencia, y deben basarse en la toma de decisiones plena, libre e informada de la persona afectada.

Grupos involucrados en el caso

Human Rights Law Network, National Alliance for Maternal Mortality and Human Rights, Health Watch Forum, Population Foundation of India