Naturaleza del caso
Feline Mhangami y Abel Mhangami tenían dos propiedades en disputa en su divorcio. La primera propiedad era una casa que Abel compró para su madre, registrada a su nombre (de Abel). La segunda propiedad era el domicilio conyugal de la pareja, donde criaron a sus hijos, propiedad de ambos. El tribunal dictaminó que Feline no tenía derecho a ningún interés en la primera propiedad, pero sí al 50 % del domicilio conyugal.


