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Miércoles, Noviembre 13, 2024
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Naturaleza del caso

Este caso surge a raíz de una serie de demoliciones extrajudiciales de viviendas, negocios y mezquitas, especialmente en comunidades musulmanas y de otras minorías, tras episodios de violencia comunitaria y en los que los residentes habían sido acusados de delitos. Esta práctica, conocida coloquialmente en India como “justicia de las excavadoras” (bulldozer justice), se caracteriza por la demolición extrajudicial de propiedades de personas acusadas de delitos por las autoridades locales, bajo el pretexto de “construcción ilegal” u “ocupación indebida”. El Tribunal Supremo de la India conoció el asunto y falló a favor de los demandantes, declarando que las demoliciones eran inconstitucionales por no respetar el debido proceso legal, y dictó directrices sobre los procedimientos que deben seguirse en futuras demoliciones.

Según un informe de Amnistía Internacional, entre abril y junio de 2022, los “estados gobernados por el Bharatiya Janata Party (BJP) —Assam, Gujarat, Madhya Pradesh y Uttar Pradesh— y el Aam Aadmi Party (AAP) en Delhi llevaron a cabo demoliciones como ‘castigo’ tras episodios de violencia comunitaria o protestas contra la discriminación ejercida por las autoridades contra musulmanes”. En dicho informe, que investigó 63 de las 128 demoliciones documentadas, Amnistía Internacional concluyó que “al menos 617 personas, entre ellas hombres, mujeres, niños y personas mayores, quedaron sin hogar o privadas de sus medios de subsistencia. Estas personas fueron sometidas a desalojos forzosos, intimidación y uso ilegítimo de la fuerza por parte de la policía, así como a castigos colectivos y arbitrarios, lo que vulneró sus derechos a la no discriminación, a una vivienda adecuada y a un juicio justo”.

Resumen

El caso se originó a partir de un conjunto de peticiones presentadas en virtud del artículo 32 de la Constitución, en las que se solicitaba reparación frente a la demolición de propiedades —tanto residenciales como comerciales— por parte del Estado sin el debido proceso legal, bajo la justificación de que sus propietarios habían sido acusados de delitos penales. Una de las peticiones derivó de un incidente ocurrido el 16 de abril de 2022, tras un episodio de violencia comunitaria durante una procesión de Hanuman Jayanti en Jahangir Puri. Después del incidente, el presidente del BJP en Delhi, Adesh Gupta, solicitó la identificación de las personas arrestadas y ordenó la demolición de las “ocupaciones ilegales” en la comunidad. Cuatro días después, el 20 de abril de 2022, excavadoras de la Corporación Municipal del Norte de Delhi llevaron a cabo una campaña de demolición por ocupación indebida, destruyendo comercios, mezquitas y viviendas en una comunidad mayoritariamente musulmana, sin notificación previa.

Se presentaron peticiones similares a raíz de incidentes ocurridos en Madhya Pradesh, Uttar Pradesh, Gujarat y Rajastán, donde, tras acusaciones de conductas ilícitas, las viviendas y negocios de los residentes fueron demolidos bajo el pretexto de construcciones ilegales u ocupaciones indebidas. Los demandantes solicitaron una orden para detener nuevas actuaciones estatales de este tipo y que se adoptaran medidas estrictas contra los funcionarios que hubieran participado o pudieran participar en el futuro utilizando maquinaria estatal para tales demoliciones. Los gobiernos municipales estatales alegaron que era mera coincidencia que algunas de las propiedades pertenecieran a personas acusadas de delitos.

El Tribunal Supremo de la India falló a favor de los demandantes y estableció garantías de debido proceso para los residentes, tales como la notificación previa con al menos 15 días de antelación, la oportunidad de una audiencia personal ante el órgano competente, el derecho a recurrir la orden final y la obligación de grabar en vídeo la demolición. Incluso en los casos en que los residentes no impugnaran la demolición, el Tribunal sostuvo que debía concedérseles un plazo razonable para desalojar y organizar sus asuntos antes de proceder a la demolición. El Tribunal aclaró que estas directrices no se aplican a: (1) estructuras no autorizadas en espacios públicos como carreteras, calles, aceras, líneas ferroviarias o cuerpos de agua; y (2) los casos en los que la demolición haya sido ordenada por un tribunal.

El Tribunal concluyó que la separación de poderes, la doctrina de la confianza pública, los derechos de las personas acusadas, el derecho a la vivienda y el principio que prohíbe el castigo colectivo exigen que el poder ejecutivo respete el debido proceso legal antes de actuar para eliminar supuestas ocupaciones ilegales o construcciones ilícitas. El Tribunal vinculó el derecho a la vivienda de los demandantes con el derecho fundamental a una vida digna consagrado en el artículo 21 de la Constitución. El artículo 300A de la Constitución establece que “ninguna persona será privada de su propiedad sino por autoridad de la ley”. El Tribunal afirmó que: “La justicia de las excavadoras es simplemente inaceptable bajo el Estado de derecho. Si se permitiera, el reconocimiento constitucional del derecho de propiedad en el artículo 300A quedaría reducido a letra muerta”.

Asimismo, el Tribunal dispuso que existirá una presunción de mala fe y que una demolición se presumirá punitiva e ilegal cuando: (a) se origine por la implicación del residente o de un familiar en un proceso penal; (b) la autoridad actúe con una celeridad indebida tras dicha implicación penal; o (c) la autoridad seleccione una propiedad de forma discriminatoria, ignorando propiedades vecinas con infracciones similares. El Tribunal advirtió también que la violación de estas directrices podría dar lugar a procedimientos por desacato, juicio penal, pago de restituciones y de indemnizaciones a las personas afectadas.

Aplicación de la decisión y resultados

Las directrices dictadas en este asunto han tenido un impacto de gran alcance en toda la India, y las demoliciones posteriores han sido objeto de mayor escrutinio para garantizar que las autoridades locales respeten el debido proceso legal. Sin embargo, pese a la orden del Tribunal Supremo, las demoliciones punitivas han continuado. En enero de 2025, en Dwarka, Gujarat, las autoridades locales demolieron más de 250 viviendas, mezquitas y dargahs en más de 20 islas, en comunidades musulmanas, invocando motivos de “seguridad nacional” y “protección ambiental”. Los residentes alegaron que no recibieron un aviso suficiente, ya que entre la primera notificación y las demoliciones transcurrieron solo siete días, en violación de la orden del Tribunal Supremo.

De manera similar, el 9 de febrero de 2025, las autoridades locales de Kushinagar, Uttar Pradesh, enviaron excavadoras a la mezquita Madni para su demolición al día siguiente de la expiración de una orden de suspensión dictada por el tribunal superior, sin permitir la posibilidad de interponer recurso. Tras la demolición, el Tribunal Supremo inició procedimientos por desacato contra los funcionarios distritales responsables, aunque el daño ya se había consumado. También han persistido demoliciones similares en respuesta a episodios de violencia comunitaria, y queda por ver si el Tribunal adoptará nuevas medidas para hacer cumplir su orden.

Relevancia del caso

Este caso brinda protección a los residentes que han sido objeto de la incautación retaliatoria e ilegal de sus viviendas y negocios por parte de gobiernos locales o estatales. Esto es especialmente relevante para los grupos minoritarios, que pueden ser objeto de discriminación, violencia comunitaria y persecución por parte de las autoridades locales, y que resultan particularmente vulnerables a este tipo de medidas. La consagración de garantías de debido proceso y la reafirmación de los derechos de las personas acusadas pueden permitir que futuros demandantes eviten la demolición ilegal de sus viviendas.

Agradecemos especialmente las aportaciones del miembro de la Red-DESC: Program on Human Rights and the Global Economy (PHRGE) at Northeastern University.