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Jueves, Junio 20, 2024
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Naturaleza del caso

Antes de que se permita a un desarrollador avanzar con un proyecto susceptible de generar impactos ambientales significativos, debe realizarse una evaluación de impacto ambiental (“EIA”) para que el público y la autoridad de planificación competente puedan examinar y considerarla como parte del proceso de aprobación. Este caso examina si las emisiones de gases de efecto invernadero resultantes de la extracción de petróleo (“emisiones de Alcance 3” o “emisiones aguas abajo”) deben considerarse parte del impacto ambiental a los efectos de la EIA requerida antes de que una autoridad de planificación decida si concede autorización para la extracción del petróleo.

Resumen

La empresa desarrolladora, Horse Hill Developments Ltd, solicitó al Surrey County Council autorización urbanística para mantener y ampliar un emplazamiento de perforación ya existente (compuesto por dos pozos), perforar cuatro nuevos pozos y extraer hidrocarburos de los seis pozos con fines de producción comercial. El proyecto propuesto contemplaba una duración de 25 años, de los cuales una fase de 20 años estaría dedicada a la extracción de petróleo. Se estimó que durante ese período podrían producirse aproximadamente 3,3 millones de toneladas de petróleo.

En septiembre de 2019, el Consejo aprobó la solicitud. La demandante, Sarah Finch, residente local y activista climática, promovió una revisión judicial de la decisión argumentando que el Consejo debería haber considerado los efectos de las emisiones aguas abajo derivadas de la combustión futura del petróleo extraído como parte de la EIA, y que la omisión de hacerlo constituía una violación de las obligaciones del Reino Unido bajo el derecho de la Unión Europea, la “Directiva EIA” concretamente, incorporada al derecho interno británico.

Finch, actuando en representación del Weald Action Group, perdió inicialmente ante el “High Court” y la Camara de Apelaciones, pero recurrió ante el Tribunal Supremo del Reino Unido para que decidiera si era legal que el Consejo limitara el alcance de la EIA excluyendo las emisiones derivadas de la posterior combustión del petróleo extraído.

Los demandados sostuvieron que determinar si dichas emisiones constituían efectos del proyecto era una cuestión de valoración técnica y de discrecionalidad administrativa reservada al Consejo, y que no correspondía al Tribunal revisarla.

El Tribunal concluyó que la decisión del Consejo era ilegal porque las emisiones resultantes de la combustión se encuentran comprendidas dentro del alcance de la EIA exigida por la ley.El Tribunal consideró que dichas emisiones eran inevitables:“El propósito de extraer combustibles fósiles es poner hidrocarburos a disposición para su combustión. Por lo tanto, puede afirmarse con una certeza prácticamente absoluta que, una vez extraído el petróleo del subsuelo, el carbono contenido en él será liberado tarde o temprano a la atmósfera en forma de dióxido de carbono y contribuirá al calentamiento global”.

Asimismo, concluyó que la Directiva EIA no imponía ningún límite geográfico respecto de los efectos ambientales que debían evaluarse, incluso si estos ocurrían fuera del lugar del proyecto.

El Tribunal enfatizó la importancia de que el público conozca a través de educación pública en materia ambiental los impactos ambientales de un proyecto para garantizar la transparencia y los derechos de participación pública en los procesos de toma de decisiones.

Aplicación de la decisión y resultados

A nivel interno, el caso Finch ya ha tenido un impacto significativo. Tras la sentencia del Tribunal Supremo, el Secretario de Estado de Vivienda, Comunidades y Gobierno Local reconoció que la autorización de una controvertida mina de carbón en Whitehaven, Cumbria, había sido jurídicamente defectuosa y aceptó las impugnaciones judiciales contra dicha autorización. Reconoció además que el error era grave y que había privado al público de su derecho a acceder a información sobre los impactos climáticos del proyecto y de su derecho a participar adecuadamente en el proceso de toma de decisiones.

Posteriormente, la empresa minera fracasó en su intento de defender la autorización, a pesar de que el Secretario de Estado ya había desistido de sostenerla. El gobierno realizó una concesión similar en un caso relativo a una solicitud para desarrollar un proyecto de perforación petrolera en Biscathorpe, Lincolnshire.

Luego, en enero de 2025, la Court of Session de Escocia resolvió que las autorizaciones otorgadas para dos nuevos yacimientos de petróleo y gas (Rosebank y Jackdaw) habían sido concedidas ilegalmente y exigió una evaluación más detallada de sus impactos ambientales, incluyendo los efectos climáticos derivados de la quema de los combustibles fósiles extraídos.

El 19 de junio de 2025, y a la luz de la decisión del Tribunal Supremo en Finch, el gobierno emitió nuevas directrices ambientales sobre cómo deben evaluarse los impactos ambientales globales de proyectos petroleros y gasíferos marinos en campos ya concesionados, con el objetivo de asegurar que los efectos completos de la extracción de combustibles fósiles sean considerados en los procesos de autorización.

Relevancia del caso

Esta decisión histórica exige que los desarrolladores tengan en cuenta, al elaborar las evaluaciones de impacto ambiental, no solo los efectos de la perforación y extracción de petróleo, sino también los efectos derivados de la inevitable combustión posterior de ese petróleo.

La activista climática Sarah Finch declaró:“Este es un paso bienvenido hacia un futuro más seguro y más justo. Las compañías petroleras y gasíferas pueden actuar como si todo pudiera seguir igual que siempre, pero será muy difícil para las autoridades de planificación aprobar nuevos proyectos de combustibles fósiles —en Weald, en el Mar del Norte o en cualquier otro lugar— cuando su verdadero impacto climático sea visible para todos”.

La sentencia puede establecer un nuevo estándar global de escrutinio ambiental, habiendo sido citada por jueces de la International Court of Justice y recogida por  el Tribunal de la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA), que en mayo de 2025 declaró que el derecho de la Unión Europea —aplicable a través del Acuerdo sobre el Espacio Económico Europeo— prohíbe aprobar proyectos de combustibles fósiles sin evaluar previamente los impactos climáticos globales de sus emisiones, incluidas las emisiones de gases de efecto invernadero de Alcance 3.

Como resultado, inversores y empresas no solo en el Reino Unido sino también en Europa y en otras regiones del mundo podrían enfrentarse a regulaciones más estrictas, modificando potencialmente el panorama global de planificación e inversión de proyectos.

 

Otros recursos

  • Isabella Kaminski, “Future impact of proposed fossil fuel projects must be assessed, UK court rules”, The Guardian, 20 de junio de 2024.
  • Resumen oficial de prensa de la sentencia R (Finch on behalf of the Weald Action Group) v. Surrey County Council and others, 20 de junio de 2024.
  • Sabin Center for Climate Change Law, Climate Change Litigation Databases, ficha del caso R (Finch on behalf of the Weald Action Group & Others) v. Surrey County Council.

 

Agradecemos especialmente los aportes del miembro de la Red-DESC: Program on Human Rights and the Global Economy (PHRGE) at Northeastern University.