Durante gran parte del período posterior a la Guerra Fría, el orden internacional estuvo configurado por un sistema unipolar dominado por Estados Unidos. Hoy, ese orden es cada vez más inestable. El declive relativo del dominio global de Estados Unidos, el ascenso de China, la creciente competencia geopolítica, los conflictos regionales y el debilitamiento de las instituciones multilaterales están reconfigurando el panorama político mundial.
Estos procesos suelen entenderse como crisis separadas. Sin embargo, en conjunto apuntan a algo más profundo: el mundo atraviesa un período de transición sistémica que está transformando las condiciones en las que las comunidades defienden sus territorios, ejercen sus derechos y se organizan por la justicia.
La violencia, el desplazamiento, la militarización, la captura corporativa, el desarrollo extractivista y la erosión democrática son manifestaciones interconectadas de estos cambios políticos y económicos más amplios.
Una crisis que va más allá del neoliberalismo
Gran parte del debate político actual explica la inestabilidad mundial a través de diagnósticos conocidos: los fracasos del neoliberalismo, la creciente competencia geopolítica, la erosión democrática o la aceleración de la crisis climática. Cada uno de ellos refleja una dimensión importante del momento actual. Sin embargo, en conjunto apuntan hacia una transformación más amplia.
Gustavo Castro Soto, fundador y coordinador de Otros Mundos Chiapas, sostiene que el momento actual no puede entenderse simplemente como otra crisis económica o un nuevo ciclo de inestabilidad geopolítica.
Estamos viviendo una crisis sistémica en la que lo viejo aún no ha terminado de morir y lo nuevo todavía no ha nacido».
Para Gustavo, la crisis va mucho más allá de las políticas económicas neoliberales. Abarca las estructuras políticas, militares, financieras, industriales, ideológicas y culturales que han sostenido la hegemonía capitalista durante el último siglo.
Hemos entrado en una crisis en la que toda la arquitectura del sistema capitalista —sus fundamentos militares, políticos, comerciales, industriales, financieros, culturales, éticos e ideológicos— está en crisis.
Esta perspectiva desplaza el foco de las crisis individuales hacia el sistema más amplio que las conecta. En lugar de tratar la inestabilidad económica, la militarización, el colapso ecológico o la erosión democrática como fenómenos separados, plantea que deben entenderse como parte de una transformación más amplia del orden mundial.
El orden unipolar posterior a la Guerra Fría está dando paso a un panorama internacional más inestable y disputado. Sin embargo, esta transición no debe confundirse con un avance lineal hacia una mayor democracia o justicia. Por el contrario, los movimientos se enfrentan cada vez más a nuevas formas de competencia geopolítica, una intensificación del extractivismo, una creciente militarización y crisis de gobernanza cada vez más profundas.
Comprender estos cambios es esencial porque determinan las condiciones en las que los movimientos se organizan, defienden derechos y confrontan el poder corporativo y estatal.




